Boston, 2001. En una residencia de Babson College, Jerry Sheridan y Andrew Maerts trasnochan sobre un problema que nadie ha resuelto: cómo votar por internet sin que nadie pueda tocar el resultado. Cuando por fin dan con el algoritmo, no piensan en la democracia; piensan en lo que van a ganar. InterVoteSec crece deprisa -rondas de financiación, contratos, países que no sabrían situar en un mapa- hasta que un fondo llamado BlackBrick compra la mayoría y la empresa deja de ser suya. Su dueño, Richard Harding, nunca explica del todo para qué compra lo que compra. Andrew empieza a hacer preguntas incómodas. Jerry firma y mira hacia otro lado, que es lo que mejor se le da. Pero detrás de BlackBrick hay algo que no consta en ningún registro mercantil y que lleva mucho tiempo decidiendo cosas que los votantes creen decidir. Una fábula de emprendedores que acaba siendo otra cosa.
Rais Busom escribe thrillers donde la ambición personal y el poder político se cruzan sin avisar.
El escrutinio es una fábula de emprendedores que se transforma en una novela de conspiración, construida a partir de una pregunta incómoda: ¿qué parte de la democracia sigue siendo nuestra cuando el dinero decide el resultado antes que el voto?