De manera accidental, en noviembre del año 2000 me ofrecieron un espacio en el diario Expreso para sentar una postura principista -como liberal- frente al régimen de Alberto Fujimori que en ese momento implosionaba. Tal es como se dio inicio a la constante de escribir artículos, sea para periódicos, revistas y publicaciones electrónicas.
Empero, será en las páginas de dicho periódico -primero por la gentileza de don Luis García Miró y luego por mano de mi amigo y poeta Harold Alva- que mis entregas se den a lo largo de más de dos décadas.
Cabe resaltar que algunos de mis escritos publicados en mi blog Odiseo en tierra saltaron a las páginas de diarios y revistas convencionales. También fueron reproducidos en diferentes medios virtuales como el diario Altavoz (2013-2015) y República liberal (2017-2020). Incluso en algún caso recibí una no muy amigable respuesta de un columnista de un diario de izquierdas. Claro está -como se estila por estas tierras-, evitó mencionar mi nombre. Con todo, he ahí una muestra de la dinámica del intercambio de ideas entre medios de comunicación tradicionales y los que ofrece el altamente democratizador internet.
Ya que el material recopilado corresponde exclusivamente al rubro de artículos (algunos con fechas exactas, otros no), aprovechó la oportunidad para recordar al gran periodista Manuel Jesús Orbegozo.
Fue él quien me invitó a escribir de manera "estable" en el diario El Peruano a inicios del año 2001. Aunque lo "estable" duró solo un verano, me fue muy importante. Don Manuel -un famoso corresponsal de guerra que estuvo en las guerras de Corea, Vietnam y del Golfo y que entrevistó al genocida camboyano Pol Pot en la cúspide de su poder- había leído un ensayo de mi autoría que le había agradado y pensó que podía aportar en el periódico que dirigía, pero con una condición: evitar la política.
Obviamente, se refería a la coyuntura local. Sin esfuerzo, acepté y cumplí mi promesa. La que por cierto no me costó nada. De ese modo, casi un cuarto de siglo ha transcurrido sin la más mínima piedad.